LA SONAJA Lucrando políticamente con la muerte de Gisela Gaytán.

 

  • Hipocresía política en tiempo de zopilotes.
  • Están callados, por temor o complicidad, ante el papel, cada vez más intenso, de los grupos de poder y la delincuencia organizada por influir en el proceso electoral, imponer candidatos y seguir controlando territorios.

Felipe Aurreola.

felipeaurreola1@gmail.com

En tanto el Gobierno Federal no abandone la política de los “abrazos no balazos” y ponga por encima los intereses de las familias de los de los grupos de poder, la descomposición del país continuará.

El país se encuentra bajo los efectos de una narrativa discursiva evasiva de la realidad que se vive,  y el presidente Andrés Manuel López Obrador es el responsable directo.

Tras el lamentable asesinato de la candidata de Morena a la alcaldía de Celaya, Guanajuato; Gisela Gaytán, ha quedado de manifiesto la ruindad política de la clase que actualmente gobierna.

Bertha Gisela Gaytán murió asesinada a balazos el lunes 1 de abril tras su primer mitin de campaña en la comunidad de San Miguel Octopan, ubicada a tan solo 10 kilómetros de la cabecera municipal de Celaya, Guanajuato. Ya había anunciado su plan de seguridad para Celaya, había acudido a un mercado; dos sujetos en una motocicleta la alcanzaron y ultimaron.

Con ella van 22 asesinatos de candidatos en este proceso.

De acuerdo con la organización Laboratorio Electoral, cuyo informe puede consultarse en redes sociales, han ocurrido 50 asesinatos relacionados con las elecciones del próximo 2 de junio en México, cifra que supera los 43 homicidios de los anteriores comicios presidenciales de 2018, según un informe publicado este martes.

De estas 50 víctimas hay 26 que eran aspirantes a un cargo de elección popular, mientras que el resto eran familiares, políticos o funcionarios públicos, detalló el ‘Segundo reporte preliminar de violencia electoral del proceso 2023-2024‘.

En total, el laboratorio de ideas (think tank) ha registrado 156 agresiones a personas relacionadas con los comicios, en las que, además de los asesinatos, hay nueve secuestros, 22 atentados y 75 amenazas.

Los partidos con mayor número de aspirantes asesinados son el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), con nueve, y el Partido Acción Nacional (PAN), con cinco. La investigación halló que los meses con mayor cantidad de asesinatos han sido julio, octubre, enero, febrero y marzo.

El incremento de casos en los últimos tres meses ha sido del 150 por ciento, lo que deja ver que estamos ante una espiral de violencia que coincide con la conclusión de las precampañas y el registro de candidaturas a nivel local”, advirtió.

El gobierno Federal había guardado silencio en los anteriores asesinatos.

Al señor Presidente los hechos anteriores le incomodaban; no le merecía mencionarlos más allá de sesenta segundos en sus conferencias mañaneras; simplemente se limitaba a lamentarlos y enviar sinceras condolencias.

Esa ha sido su costumbre, incluso con otros hechos sumamente lamentables y que tanto dolor han generado: masacres de jóvenes que acudían a fiestas, el reciente asesinato de una menor de ocho años que provocó un linchamiento en Taxco, Guerrero; y una larga lista.

Algo cambió.

En La Mañanera del pasado martes, el presidente Andrés Manuel López Obrador vió la oportunidad de lucrar políticamente con el asesinato de Gisela Gaytán y a esta acción se sumaron la candidata presidencial Claudia Sheinbaum Pardo y el dirigente de Morena, Mario Delgado Carrillo.

El Ejecutivo aprovechó para señalar al INE, al Gobierno del Estado de Guanajuato encabezado por el panista Diego Sinhué, al OPLE de Guanajuato y al procurador.

Con ese manejo hipócrita y de doble moral, Andrés Manuel López Obrador calificó al gobernador Diego Sinhué de buena persona, pero asegura que él no manda en Guanajuato y, de nuevo pidió la remoción del fiscal estatal.

“Hay un grupo que manda y tiene más poder qué el Gobernador… el Gobernador gobierna pero no manda”, expresó.

No podemos callar porque está la vida de las personas, recalcó.

Cuánta falsedad la del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Ha callado ante la muerte de muchas personas, incluida la menor de edad y jóvenes.

En Michoacán y en Guerrero pasa algo similar a lo que ocurre en Guanajuato: hay grupos que mandan y tienen más poder que sus gobernadores. Empero, ahí lo justifica con una frase que lo pinta de cuerpo entero, ahí son herencias del pasado y se están corrigiendo.

Ahí nada tiene que ver el hecho de que los gobernadores sean del partido político de su propiedad: Morena.

A esta retórica se suma la candidata presidencial Claudia Sheinbaum acusando al Instituto Electoral del Estado de Guanajuato de no proteger a la candidata por lo que se le debe de investigar y, se atrevió a decir que hubo una negativa de brindar seguridad a los aspirantes a puestos de elección popular en ese estado.

En similar sentido, Mario Delgado Carrillo, presidente del CEN de Morena, se trepó a la ola.

Exige que se investigue por omisiones al órgano electoral (OPLE) de Guanajuato y al Gobierno de dicha entidad, tras el asesinato de Gisela Gaytán, candidata de la coalición Sigamos Haciendo Historia a la Presidencia Municipal de Celaya.

Han demostrado que fueron omisas en la protección que se solicitó en tiempo y forma para nuestros candidatos”, apuntó.

Ahora, adelantó, por instrucciones de la candidata Claudia Sheinbaum Pardo, van a pedir al Gobierno Federal que hagan una excepción y se haga cargo de la protección de los candidatos de la coalición “Sigamos Haciendo Historia” en Guanajuato.

Y los otros?.

Los tres actores políticos; Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum Pardo y Mario Delgado Carrillo; han sido omisos y han manejado un discurso convenenciero y perverso.

Soslayaron o, de plano, simplemente callaron ante los anteriores asesinatos. Hoy lucran políticamente.

Lo peor del asunto es que en su narrativa, evasiva de la realidad política y social que se vive en este tema político-electoral; no han  mencionado para nada el actuar de las fuerzas oscuras.

Están callados, por temor o complicidad, ante el papel, cada vez más intenso, de los grupos de poder y la delincuencia organizada por influir en el proceso electoral, imponer candidatos y seguir controlando territorios.

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