Crimen Organizado adopta el culto al demonio.

  • Las autoridades de la capital mexicana y medios locales en diversos estados del país han encontrado en los grupos criminales una peculiar atracción por confiar su propia protección y la de sus actividades delictivas a la figura del diablo sin dejar a un lado a otros entes oscuros o duales, a veces combinando devociones

( Especial de  Gardenia Mendoza en La Opinión)

 

MEXICO.- Ni la Santa Muerte ni Malverde atraparon la devoción de Felix Tufino Montoya, uno de los líderes más importantes de la Unión Tepito, el temido cártel de la droga y la extorsión en la Ciudad de México, sino un peculiar regreso al culto del origen del mal: Satanás.

En reportes de los últimos meses, las autoridades de la capital mexicana y medios locales en diversos estados del país han encontrado en los grupos criminales una peculiar atracción por confiar su propia protección y la de sus actividades delictivas a la figura del diablo sin dejar a un lado a otros entes oscuros o duales, a veces combinando devociones.

“Como en los rituales católicos donde está la adoración a Dios pero también a los Santos”, advirtió Fernando Sánchez, analista de violencia criminal de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En el hallazgo más reciente de esta tendencia, la policía de la Ciudad de México encontró en un cateo realizado en la colonia Morelos de la alcaldía Cuauhtémoc, 23 kilogramos de mariguana, tres bolsas con cocaína y un altar con Luciferes vigilantes de homicidios, secuestros, extorsiones y venta de droga en la zona centro.

Un Belsebú de cerámica en versión bebé sobre un nido de paja, como Jesús en el pesebre; tres figuras del mismo personaje adulto con tridentes y cuernos de cabra colgantes hasta la espalda en plateado o en rojo brillante y una talla de madera pintada en amarillo con la lengua de fuera.

Todas las esculturas rodeadas de flores fueron decomisadas por los oficiales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en la casa de Tufino Montoya, quien junto con Francisco Javier Mares Vélez, Paco Verrugas o El Gordo tienen de cabeza a la zona centro de la ciudad con extorsiones y venta de droga y se encuentran libres.

Otros de la misma banda no han tenido la misma suerte. El pasado 2 de enero, Johan Pérez fue acribillado de más de diez balazos en calles de la Colonia Santa María La Rivera, después de que sujetos armados lo secuestraron para dejar un mensaje intimidatorio presuntamente de un grupo rival.

De acuerdo con José Carlos Aguilar, autor del estudio ¿A quién le piden los narcos? Emancipación y justicia en la narcocultura en México, la diversificación del mercado religioso en México no sólo ha generado alternativas al catolicismo dentro de los marcos institucionales, sino también en los bajos mundos, entre los marginales y criminales.

“En México, las instituciones compiten con organizaciones y comunidades emergentes, muchas de ellas informales o generadas ‘desde abajo’, por la hegemonía de las grandes narrativas sociales que ordenan la vida social”, detalla. “Y hay una narrativa de poder de los grupos criminales”

Bajo ese discurso se posicionó la Santa Muerte en todo el país con expresiones opulentas como la “catedral” en su honor en la ciudad de Pachuca, en el céntrico estado de Hidalgo que mide cinco metros de altura.

Así creció también la fiebre por Jesús Malverde, un bandolero mexicano adorado como un santo popular, con centros de adoración en Sinaloa y en Baja California, principalmente. O la veneración a Nazario Moreno González, “San Nazario” para sus seguidores; “El Chayo” o “El Más Loco” para la policía mexicana.

Las autoridades acusaron a Nazario en la primera década de este siglo de obligar a comer corazones y otros órganos humanos de los rivales a quienes querían ser parte de La Familia Michoacana, la organización que fundó después de dejar el Cartel del Milenio.

Sin embargo, logró posicionarse como un símbolo de culto al justificar sus actos con biblia en la mano y formar una red de ayuda a jóvenes con problemas de alcohol y drogas que después utilizaría para sumarlos a las filas de su red criminal.

Entre la ambivalencia y la definición

Sea por una u otra razón, la mayoría de los personajes de culto criminal son figuras ambivalentes. A la Santa Muerte, se le puede pedir por igual amor, vida y salud, pero también el mal, la enfermedad, la desesperación y la destrucción.

El demonio debería ser la representación del mal y punto, una característica que no permitiría dualidades para acciones más radicales y violentas, pero no es así.

“Hay en la naturaleza humana un componente de violencia que crece si no se le frena y busca justificaciones de todo tipo”, señala Tomás González, sociólogo de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

En Tepito, donde se encontró recientemente el altar a Satanás y donde frecuentemente la policía local reporta hallazgo de animales muertos utilizado para rituales satánicos, surgió el culto al “Angelito Negro” que ya tiene en Hidalgo también muchos seguidores junto al monumento a la Santa Muerte.

Allí, la figura de Lucífer es negro, con cuernos y ojos azules, sentado en un sillón enmarcado con pentagrama invertido y está rodeado de un imponente altar con dinero, veladoras, cerveza, vino y círculos de sal muy cerca del altar de la Santa Muerte.

Se le festeja los viernes de cada mes y en algunas de estas ceremonias participa Óscar Pelcastre, obispo del controvertido culto y principal promotor de este movimiento desde hace más de dos décadas.

En algunas entrevistas, Pelcastre ha destacado que Luzbel está dentro de cada persona y éste hace lo que cada una de ellas le pide, sea delincuente o enfermo: todos quieren lograr sus objetivos, cometer un crimen o curarse.

“Hay muchas personas devotas del Angelito Negro, desde niños hasta mujeres. Personas buenas y personas malas. Aquí hay de todo. Hay creyentes y está abierto a todo el mundo. Incluso vienen políticos”, aseguró Pelcastre

Pero más allá de la dualidad popular, los archivos criminales de la justicia federal dan cuenta de que los delincuentes se han apoyado en rituales satánicos para darse confianza.

Particularmente del narcotráfico, un caso desclasificado recientemente por la prensa nacional dio cuenta de un sicario oriundo de Matamoros que practicó actos de canibalismo, torturas y asesinatos supuestamente protegido por el diablo a través de un ritual en 1989 que lo protegería de sus enemigos.

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