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Seguro voluntario del IMSS, inaccesible para adultos mayores y trabajadores informales

El seguro voluntario del IMSS tiene un alto costo, además de restricciones que lo vuelven inviable para varios grupos vulnerables.

Claudia Altamirano (@claualtamirano)

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ofrece a la población una opción para quienes no tienen un empleo formal que les garantice el servicio médico: el seguro voluntario, que pueden pagar ellos mismos siempre que no tengan enfermedades preexistentes, con un costo 20% mayor cada año y con varias restricciones que lo vuelven inviable para varios grupos vulnerables como los adultos mayores, los trabajadores del hogar y los informales.

El seguro voluntario, según ha admitido el mismo Instituto, funciona igual que en cualquier aseguradora privada: debe contratarse mucho antes de volverse necesario ya que no cubre enfermedades preexistentes; es más caro para quienes más lo necesitan –adultos mayores- y es inaccesible para personas con alto potencial de riesgo, como las que padecen enfermedades crónico-degenerativas. Además, en el caso de los mayores de 60 años que nunca antes han cotizado en el Seguro, se les exige que contraten el seguro en un esquema familiar para que queden como beneficiarios, lo que obliga a los familiares a pagar también su cuota y deja fuera a los adultos mayores que están solos.

Cuando la hija de Marcela* perdió su empleo, ella perdió también su seguridad social, ya que era su beneficiaria. Meses después y ante la incertidumbre de no saber cuándo encontraría otro trabajo, decidieron inscribir a la madre al seguro voluntario del IMSS para que siguiera recibiendo atención médica. Sin embargo, en las oficinas del Instituto les dijeron que Marcela no podría contratarlo si tenía enfermedades crónicas, a menos que se inscribiera como beneficiaria de su hija, y que lo hiciera pronto porque las cuotas estarían vigentes unos días más: después les costaría mil pesos extra.

Ambas mujeres pidieron a los funcionarios una explicación para todas estas reglas que imposibilitan a los adultos mayores contratar su seguro voluntario aun cuando lo pagan -y en la tarifa más alta del tabulador por ser quienes hacen mayor uso de los servicios de salud-. Un empleado dijo primero que “así es la ley” y negó dar mayores explicaciones; su superior, sin embargo, les explicó que las reglas están contempladas en la reforma a la Ley del IMSS de 2014, y que aun pagando la cuota, no podría tener acceso a todos los servicios. “El IMSS nunca pierde”, puntualizó la funcionaria.

El director de Incorporación y Recaudación del Instituto, Tuffic Miguel Ortega confirmó que el seguro voluntario del IMSS funciona igual que cualquier aseguradora privada aunque se trata de una institución pública, argumentando que sus recursos no provienen del Presupuesto de Egresos sino de las aportaciones de los patrones y los trabajadores, por lo que, de no cobrar estas tarifas, la atención sería incosteable.

“Este seguro funciona igual o de forma muy parecida a los seguros de gastos médicos mayores. Al ser voluntario, este seguro da acceso exclusivamente a los servicios médicos a cambio del pago de una prima, que se calcula en función de los riesgos que tiene el asegurado de que se materialice la enfermedad o el accidente”, explicó el funcionario a Animal Político. “Para nosotros es un pago deficitario, pero es parte de la labor subsidiaria que lleva a cabo el instituto con el objeto de brindarle cobertura al mayor número de gente que no tiene la posibilidad de acceder a un esquema de aseguramiento privado”, agregó.

Pero no cualquiera puede contratar este seguro simplemente pagando su cuota. Los trabajadores informales que nunca han cotizado en el Seguro no pueden hacerlo si tienen enfermedades preexistentes, o males crónico degenerativos, independientemente de su edad, ya que este recurso está pensado para que el usuario se asegure mientras está sano y haga uso de él cuando se enferme, después de haber pagado su cuota durante al menos un año. A quienes ya han cotizado en el régimen obligatorio se les toma en cuenta esta antigüedad para permitirles contratar el seguro aún con enfermedades preexistentes. “Está diseñado exclusivamente para quienes tenían un patrón y se vuelven independientes o pierden su empleo pero ya cotizaron antes”, especificó Ortega.

Los trabajadores del hogar son otro grupo para el que este seguro no es viable incluso si se les permite contratarlo, ya sea con sus ingresos o si lo pagan sus empleadores, debido a que, por ley, no cubre el derecho a guarderías, siendo este servicio el que más necesitan, incluso más que la atención médica, según han expresado los propios trabajadores.

Aunque el funcionario asegura que la restricción para los adultos mayores que los obliga a contratar el seguro en un esquema familiar desapareció con el gobierno de Enrique Peña, a Marcela de 65 años le fue negado el servicio en enero de este año por tener enfermedades crónicas y preexistentes: hipotiroidismo e hipertensión, “a menos que se inscriba en plan familiar con su hija y ella la ponga como su beneficiaria”, le indicaron los empleados de las oficinas administrativas de Luna, en la colonia Guerrero.

Ortega también afirma que sólo hay restricción para las enfermedades crónico degenerativas graves o en etapas avanzadas, sin embargo, la página del IMSS no es clara a este respecto: enlista algunas enfermedades “prohibidas” como las crónicas del hígado; insuficiencia renal y cardíaca o EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica con insuficiencia respiratoria) pero deja abierto el concepto “crónico-degenerativas”. Esta ambigüedad se refleja en las oficinas de atención al usuario, donde cada empleado decide con sus criterios a quién permitirle asegurarse y a quién no.

A mayor demanda, menor oferta

Entre las enfermedades crónicas que impiden la contratación del seguro están el cáncer, los males cardiacos y las complicaciones por diabetes, aun cuando México ocupa el primer lugar en índices de diabetes entre los países de la OCDE y, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública, es la enfermedad que causa más muertes al año en mujeres y la segunda más mortal en hombres en el país desde el año 2000. Las cifras más recientes (noviembre 2017) del Instituto Nacional de Estadística (Inegi) indican que el 15% de los 665, 688 fallecimientos ocurridos en 2015 fueron a causa de la diabetes mellitus.

Además, las tarifas para contratar este seguro son más altas para quienes tienen más probabilidad de usarlo. Los adultos mayores, igual que en cualquier aseguradora privada, y cada año aumenta 20%, mientras las privadas elevan sus pólizas cada cinco años: en el periodo 2015-2017, su costo para personas entre 60 y 69 años subió 2,100 pesos y 2,200 para mayores de 70. Esto se debe a que la reforma legal de 2014 permitió al IMSS actualizar las cuotas que no había modificado por 10 años, por lo que con este cobro, el Instituto está recuperando el dinero que no cobró antes, explicó el director de Recaudación, área de la que depende el Seguro Voluntario.

“Estas cuotas se habían mantenido rezagadas hace mucho tiempo. El aumento es considerable si lo comparas con el año anterior, pero si lo comparas con la demanda de servicios que hace la gente, es totalmente desproporcional el gasto que se tiene en el instituto con el gasto de esos sectores. Las tarifas están exageradamente bajas y subsidiadas, si aplicas técnicamente la cuota que debes aplicar, sería un monto altísimo, como de 150 mil pesos”, puntualizó Tuffic Miguel Ortega.

Aunque la realidad en las clínicas y hospitales es otra, agrega Marcela. “En una institución privada no te podrían decir que no hay reactivos en los laboratorios, que no hay medicamentos o que el doctor está de vacaciones, ni podrían darte un mal servicio mientras que en el IMSS tienen que hacer hasta campañas para enseñar a sus empleados a tratar bien al derechohabiente”, lamenta.

Explicó también que las personas con enfermedades preexistentes, o padecimientos crónicos graves no pueden contratar el seguro porque entonces el Instituto caería en déficit, al financiar la atención médica de alguien que ya está enfermo y requerirá un tratamiento cuyos costos son mucho más elevados que lo que pagó por el seguro.

“Es como si contratas un seguro de auto después de que chocaste. Esto está pensado para que la gente cotice cuando está sana y cuando necesite la atención se le va a atender. Los aumentos son meramente para estar cercanos a los incrementos naturales que vienen en los precios”, puntualizó Ortega.

Incluso, admitió el funcionario, durante los años que las tarifas de este seguro no se actualizaron, se le ocultó a la población su existencia para evitar que lo contrataran. “El IMSS vive de lo que cobra a través de sus cuotas, tanto obrero-patronales como de aseguramiento voluntario, si no, no tendría ni para las medicinas. Desgraciadamente cuando llegamos a esta administración ya tenía este problema deficitario y no se habían tomado las medidas adecuadas y ¿qué se hacía? No se promovía el seguro porque le costaba más al IMSS. Yo no estaba aquí pero la gente que estaba aquí me lo dijo”, aseguró Ortega.

El director de Recaudación afirma que, pese a todo, el IMSS otorga no solo tarifas más bajas que las aseguradoras privadas, sino más facilidades al no exigir estudios médicos previos para asegurarse del estado de salud del paciente, sino pedirle que de buena fe llene un cuestionario con esta información; además de permitir que se aseguren personas mayores de 80 años, cuando la mayoría de las aseguradoras ni siquiera cotizan a mayores de 40, de acuerdo con el simulador de Gastos Médicos de la Condusef (Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros).

Actualmente, algunas aseguradoras privadas ya ofrecen seguros a adultos mayores, un sector típicamente desprotegido de este recurso, con primas muy altas en el caso de cobertura amplia y accesibles para acceder sólo a servicios médicos simples.

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